junio 2010
Basta, fuera, déjenme sola.
No los soporto,
déjenme ser.
Con sus ánimas de desdén
puedo sentir el desprecio.
Me miran de arriba,
y con la cabeza inclinada.
Pero yo sé que sucede,
puedo ver a través
de ese muro de carne humana
que me sabe atormentar.
Sé que cuando saque
tan sólo un ladrillo,
la pared caerá,
junto con sus prejuicios.
Y así,
una vez deseche los escombros,
podré sonreír,
junto con los humanos que ahora me miran a los ojos.