Mostrando entradas con la etiqueta poema en prosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poema en prosa. Mostrar todas las entradas

Distancia

octubre 2011

¿Cómo distinguir entre aquellas personas a las que les borrarás la cara y les quitarás el nombre, de aquellas a las que recordarás, que te marcarán, y que extrañarás a pesar de todo? Del tiempo, de la distancia. ¿Cómo enfrentarse en el presente a una vida que dura una vida? ¿Cómo diferenciar el amor de la simpatía antes de que sea tarde?

¿Tendrá sentido en veinte años haber perdido a alguien por algunos miles de kilómetros? ¿Me acordaré acaso de su sonrisa? O tal vez la deforme. O tal vez la vuelva irritante, y la recuerde insoportable para poder seguir viviendo. O tal vez la viva extrañando, arrepintiéndome de no haber hecho lo imposible. O tal vez me dé por vencida, y desista de buscarle respuesta a tantos por qués del travieso destino. O tal vez esté exagerando. Imposible decirlo, imposible saberlo.

La palabra amor siempre es demasiado fuerte, pero hacia atrás sólo se ven amores perdidos. Por momentos la gente pierde sentido, y por momentos es el tiempo el que se vuelve absurdo. Todo pasará. Todos somos pasajeros, todos finitos. La pregunta que resuena en el fondo de nuestra mente. “¿existe el más allá?”. Porque no es sólo la muerte la que aleja a las personas. Y es cuando sentimos que una lucha se avecina que aparece aquella duda inevitable.


¿Vale la pena que luche por tí?


Escombros

octubre 2021

Me gustaría saber cómo quererte sin que me tengas miedo. De que te ahogue, de que te invada, de que te ate. Cómo explicar que no pido ni futuros ni promesas, sólo cuidado.

Fue mala mía aflojar. Estoy al tanto. No tenía opción y no me arrepiento de nada. Tan solo quisiera las herramientas para acompañarme en esta vulnerabilidad infinita. Bajé mis defensas. Demasiadas. Y ahora siento una vez más la fragilidad que había sabido manejar. Cuando la última persona que dejaste entrar fue hace más de una década es difícil transmitir el estado ruinoso de mi estructura. Mi gente camina con cuidado. A mi gente no me avergüenza pedirle compasión.

Pero a vos, novato en las aguas de mi existir, no quiero pedirte ni la hora. Segura estoy de que a regañadientes sin mirar el reloj me dirías algún número para resolver la situación. Para que todo vuelva a su lugar. Para ordenar. Priorizar la paz. 

Qué desgracia que en el querer haya necesidad. No me arrepiento de nada. No pudo ser de ninguna otra manera. Pero estoy pensando si tal vez ahora podría. Me parte el corazón imaginarme dando el portazo, pero no sé cuánto tiempo más pueda sentirme tan desnuda en una casa que se niega a guardarme un buzo.

No me quiero apropiar de vos. No quiero entrometerme en tu vida ni inmiscuirme en tus planes. Yo sólo quiero querer y ser querida. Sentirme avalada para pedirte ayuda. No quiero otra vez ser una carga. ¿Por qué es tan difícil no querer cuando no te sentís querida?

Irrefrenable

junio 2011
Es como si se estuviese muriendo. Tiene una vida hecha. La está viviendo, pero está hecha. Terminada. Dicen que uno siempre puede seguir aprendiendo, que uno siempre aprende, cambia. Pero no lo siento así. Él no aprende más. Ahora enseña. Ya está, se terminó. Trata de extraerle los últimos resquicios de libertad a una vida destinada a encarcelarse. Una vida clase media, con obligaciones de normalidad. No me da envidia, si no miedo. Se está muriendo. En un par de años también yo empezaré a morirme. A terminarme. Veo a mucha gente morirse de a poco. “Ahora la vida empieza”. Pero yo sólo veo un abismo por delante, una caída lenta de la que nadie sobrevive.

Él está cerca del suelo. Trata de tomar las últimas ramas que se asoman de la pared de piedra sin saber que ya casi termina. Que son las últimas ramas. Las últimas oportunidades de salvarse.

Yo lo veo caer y no comprendo su sonrisa. Se está muriendo. Muere inevitablemente y sonríe. Estira sus brazos para agarrar las ramas y salvarse. Pero muere. Sin lugar a dudas muere.

Mientras, yo siento que estoy siendo empujada al borde del aterrador abismo. Me arrodillo, trato de agarrarme del suelo, araño la tierra; pero soy irrefrenablemente arrastrada hacia ese borde mortal. El inconmovible tiempo me tira sin piedad al frío y oscuro vacío. Mientras caigo escucho músicas, veo ciudades, río, lloro, acaricio cuerpos, beso labios, duermo, me despierto, veo gente, la veo desaparecer. Y sigo cayendo. Y estoy muriendo.

No Hace Tanto

enero 2015
Para Camila

No pasó un mes desde que te fuiste y sin embargo siento que hace años que no nos miramos. En estos momentos pienso, me imagino, supongo un agujero negro gestándose en el medio del Atlántico, a la altura de las placas tectónicas. Un vacío que todo lo chupe, y que acerque así a las dos islas de tierra. Que como un tornado que en vez de dispersar engulle. Que el agujero trague agua, mucha agua, generando una suerte de sopapa gigantesca, una succión impresionante que atraiga a tu pedazo de hielo y a mi pedazo de alfombra, para que minutos antes de eclosionar, segundos antes de que el resto del Mundo se vea desaparecer podamos al fin hacer cierta la idea: estaremos juntas hasta que se acabe el mundo. Pasaremos el resto de nuestra vida juntas. Aunque eso sea tan solo un rato.