Acá Estoy

junio 2010
Bajo mi cabeza,
suspiro.
Cierro los ojos,
inspiro lentamente.

Escucho atenta.
Espero que digan mi nombre.
Mas yo sé que no lo saben.
No se los he dicho.

Fantaseo con lo imposible.
Que saben quien soy,
sólo esperan que me acerque.
No me acerco.

Susurro mi nombre,
muy bajito,
desde donde estoy,
pero nadie se da vuelta.

Me acerco un poco,
vuelvo a susurrar.
Quiero que me oigan,
que se den vuelta.

Me levanto,
camino a paso largo,
me acerco,
les digo.

Ya me escucharon,
pero ya nada me detiene.
Grito mi nombre
al cielo, a la Tierra.

Grito, grito, grito,
grito hasta las lágrimas.
Me arrodillo y vuelvo a susurrar: 
"Óiganme, por favor"

Las Aventuras de Ricota: Lunes

marzo 2019
Los lunes son su día favorito porque son día de malabares, y los días de malabares son días para aprender. Si bien se puede aprender todos los días, ningún día está tan cargado de saberes fantásticos como los lunes. Ella sabía que hacer malabares era un conocimiento inútil y esa era la mejor parte. No hay ser alguno en toda la sabana que esté en desacuerdo con eso. Los malabares no traen comida ni agua, no llaman a la lluvia ni al Sol, no alejan a los insectos ni a los leones.
Tampoco hay ser alguno que pueda convencerla de que por mucho que Ricota memorice los movimientos, sus pezuñas jamás podrían atajar nada. Cuando trataban de explicarle, Ricota entrecerraba los ojos y bailaba un marambo, dando a enteder lo absurdo del comentario. Ella quería aprender a hacer malabares, no a atajar nada. “Peeeero, Ricota” mascullaban por lo bajo “para hacer malabares tenés que agarrar las pelotitas; lo que es más ¡después tenés que tirarlas!” Dicho por supuesto a media voz, sabiendo que decirlo por lo alto causaría otro marambo.
Los lunes Ricota aprender a hacer malabares, que es un conocimiento inútil para una gacela. Por suerte, Ricota sabe perfectamente que lo útil viene solo, pero lo mágico pide que lo vayas a buscar.

No Debo Olvidarme

mayo 2010
No quiero mirarte, no quiero escucharte,
no quiero amarte.
Sólo quiero sentirte.

No te sientas especial,
podrías ser vos o cualquiera.
El problema es que te ponés cerca.

Un pasito para allá
y me das asco.
Un pasito para acá
y ya no aguanto,
necesito que te alejes.

Pero cuando me tocas
me olvido de todo.
Absolutamente de todo.

Te separás y recuerdo.
Doy las gracias al cielo.

¿Cuándo sucederá en conjunto?
Que quiera todo.
Ver, oír, amar,
sentir.

Por ahora alejate.
No quiero necesitarte.
Necesito olvidar el éxtasis
y recordar quién sos.

Vacío

 2010

Han destruido mi cuerpo
lo inunda un gran agujero.
Donde estaba mi garganta
hay dos mitades irreparables,
ya no pasa el aire
y arde.
Pero creo que seguiré viva.
Las tiras que cuelgan inertes a mis costados,
ya no funcionan como brazos,
ensangrentadas y llenas de tajos
sólo queman.
Pero siento que voy a seguir viviendo.
Donde estaba mi estómago
hay un gran vacío
sólo capta el aire
que no produce placer al respirar
pero sé que voy a seguir viva.
Mis dedos sienten todo,
sienten el más leve viento
por estar en carne viva.
A veces tengo suerte;
simplemente dejan de sentir.
Pero presiento que voy a seguir viva.
Mis piernas no funcionan
y mi cara ya no se mueve.
Y mi pecho,
mi pecho,
ha dejado de funcionar.
Porque si lo hiciera
no podría levantarme por la mañana
y sentir el sempiterno dolor que mi corazón abriga.
Pero estoy segura que voy a seguir viva
y eso es lo que más duele.

Las Aventuras de Ricota: Miércoles

septiembre 2021

Los miércoles de Ricota son días de sorpresa. Al día de la fecha la gacela Ricota no ha tenido dos miércoles iguales. Ella no toma nota ni tiene mucha memoria, pero considera la irrepetibilidad de los miércoles una verdad indiscutible. No hubo hasta ahora dos vientos iguales, dos caminatas iguales o dos encuentros iguales. Ricota trata cada miércoles como un juego de siete diferencias, pero a ella le alcanza con una. En los miércoles encuentra la sorpresa porque la busca.

Abre bien los ojos y escucha con atención. Lo siente por primera vez a este pasto moviéndose tan suavemente al mediodía. Se detiene un momento para inspirar bien profundo, satisfecha de haber presenciado lo nunca antes sucedido.

O se acerca a tomar agua pero por otro camino.

Ricota encuentra la sorpresa en el constante suceder inesperado de cada miércoles, segura de que cuando la sorpresa no se topa con ella, quien busca encuentra.

Despreocupada

enero 2016
No me preocupa morirme.
Morimos seguido.
Nos matamos seguido.
Borramos de la existencia
partes nuestras
todo el tiempo.
La muerte final asusta,
pero no veo muy claro a quién.
El acto más egoísta existente,
el más cruel.
Porque es una mentira que se muere solo.
Se arrastra una parte.
Matamos al morir
porciones de otros.
Angurrientos secuestramos
aguas de los otros.
Como si supiéramos
que a donde sea que no vamos,
hay mares que crecen.
En un acto final de bondad
realizamos la cuidadosa tarea
de capturar aguas saladas.
Ayudamos a los pequeños mares.
Justificamos así el asesinato
de esas partes de los demás.
Nos conciliamos con nuestro crimen.

Matamos y creamos.

Morimos y matamos.

El Rey y el Reloj

2004

Un explorador se pierde por la selva oscura del tiempo e intentando llegar nuevamente a su época se encuentra frente a un rey y le ruega que le diga el camino de regreso a su casa.

- Yo te digo el camino de regreso si vos me das ese escudito de mano.

- Bueno, (se lo da) tome. (Se va el explorador)

¿Qué será esta cosita? (se lo acerca al oído) ¡Ay! ¿Alguien cose ahí? ¿Una señora chiquita perdió sus agujas? Se mueven solas y hacen ruiditos... ¡Con dibujitos! ¿Tal vez sirva de corona? mmm... muy chica. Quizás sirva para... ¡Hacer música! (se lo vuelve a acercar al oído) tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic. No, no es muy linda la música, no es digna de un rey. ¡Quiero que vengan inmediatamente todos los sabios del reino!!!!

(se reúnen todos en una sala).

(Opina un matemático) Desde mi punto de vista ese es un objeto que sirve para hacer cuentas.

Imposible –dice un ingeniero- es una máquina que te dice cuánto cuesta la madera.

No, es una brújula –dice un virrey.

Si esto genera discusión lo arrojaré por la ventana (lo arroja).

De repente pasa un mendigo y encuentra el objeto -¿¡este es el reloj del que leí?!