octubre 2021
Me gustaría saber cómo quererte sin que me tengas miedo. De que te ahogue, de que te invada, de que te ate. Cómo explicar que no pido ni futuros ni promesas, sólo cuidado.
Fue mala mía aflojar. Estoy al tanto. No tenía opción y no me arrepiento de nada. Tan solo quisiera las herramientas para acompañarme en esta vulnerabilidad infinita. Bajé mis defensas. Demasiadas. Y ahora siento una vez más la fragilidad que había sabido manejar. Cuando la última persona que dejaste entrar fue hace más de una década es difícil transmitir el estado ruinoso de mi estructura. Mi gente camina con cuidado. A mi gente no me avergüenza pedirle compasión.
Pero a vos, novato en las aguas de mi existir, no quiero pedirte ni la hora. Segura estoy de que a regañadientes sin mirar el reloj me dirías algún número para resolver la situación. Para que todo vuelva a su lugar. Para ordenar. Priorizar la paz.
Qué desgracia que en el querer haya necesidad. No me arrepiento de nada. No pudo ser de ninguna otra manera. Pero estoy pensando si tal vez ahora podría. Me parte el corazón imaginarme dando el portazo, pero no sé cuánto tiempo más pueda sentirme tan desnuda en una casa que se niega a guardarme un buzo.
No me quiero apropiar de vos. No quiero entrometerme en tu vida ni inmiscuirme en tus planes. Yo sólo quiero querer y ser querida. Sentirme avalada para pedirte ayuda. No quiero otra vez ser una carga. ¿Por qué es tan difícil no querer cuando no te sentís querida?