julio 2011
No te vas a olvidar. Porque no tendría sentido.
Uno no se olvida, el recuerdo se desgasta.
Pero sigue ahí.
Y no te avergüences si te siguen dando cosquillitas en la panza.
Y no te enojes con vos si cada vez que decís el nombre sonreís.
O cada vez que lo pensás.
Porque los nombres son algo muy poderoso.
No es lo mismo que un sobrenombre.
Cuando vos decís Lau, no es lo mismo que hablar de Laura.
Cambia.
Cuando pensás en Santi, no hablás de la misma persona que cuando sí hablas de Santiago.
Podés guardarte el nombre.
Los nombres son cosas poderosas.
Podés guardarlo bien cerca tuyo.
Y que con el tiempo el recuerdo se desgaste.
Que cada vez que aparezca ese nombre, signifique cada vez menos.
Porque eso es superar algo.
No olvidarlo, si no convivir con ello.
No intentes olvidarte del nombre.
Guardalo, atesoralo.
Que los nombres son cosas muy poderosas.
Andá gastando el sentimiento.
Explotalo.
Llorá, escribí, actuá.
Aprovechalo.
Sentí el dolor, y después dejalo irse.
Y no te creas que ahora mismo va a doler menos.
Pero poco a poco, con el tiempo, ya no vas a necesitar llorar.
Y cuando te preguntes qué es lo que te hacía llorar, repetí el nombre. Y sonreí.