Amarito Quiere Volar

noviembre 2011
Es probable que nunca hayan oído hablar de Amarito, aquel que quiso volar. Es poco conocido, puesto que no lo logró. Tampoco murió en el intento. No fue cual Ícaro irresponsable, no se le deshicieron las alas. Tampoco quedó pegado a la Tierra por el peso de sus cuadradas creencias o por hacerse una capa de oro macizo. Amarito simplemente quería volar.

Amarito quiere volar. Pero no quiere volar porque necesite huir de una casa terrible. Tampoco lo necesita para escapar de una realidad pesadillesca. Tampoco es un gran soñador cuyo único anhelo es soñar. Tampoco quiso volar desde que estaba en la cuna.

Amarito no es solitario. Tampoco es un genio encubierto. Amarito no se despertará un día y volará. Amarito sabe eso, y aún así quiere volar.

Amarito no le reza todos los días a una estrella. O a un Dios de bien arriba. O de bien abajo. Tampoco escribe todos los días en un cuaderno. No se duerme ni se despierta pensando en volar. Pero a veces se acuerda. Y en esos momentos quiere volar.

Conozco un Amarito que quiere tener un trabajo. Y otro que quiere aprender a tocar la flauta traversa. Conozco Amaritos de todo tamaño y forma. Porque héroes, soñadores, diablitos, hay pocos. Pero Amaritos somos todos.

Yo conozco una Amarita que quiere escribir.