marzo 2019
En el reino de los peces, hay uno que es el Rey. El Pez Rey, que es lo mismo que el pez que es Rey, que no es lo mismo que Pejerrey. El Pez Rey se llama Enrique. Enrique el Rey Pez, le dicen sus súbditos, Enrique, sus amigos. Sus enemigos le dicen Enrique el Pescado. Enrique el pescado tiene contratados a dos sirenos, tres mantarrayas y setenta y siete esponjas de mar para que reciten Shakespeare 37 horas al día. Él, siendo el fundador de los shake-fanáticos, pasa la mayor parte de su tiempo corrigiéndole la pronunciación a los dos sirenos, a las tres mantarrayas y a las setenta y siete esponjas de mar. Tan intensa es la obsesión que tiene Enrique el pescado por honrar los textos originales que, entrada su decimoquinta década como monarca, aún no había podido ver una obra de principio a fin, puesto que luego de cada corrección pedía que comience todo de nuevo. El reino de los peces tenía dos enemigos: una gacela llamada Ricota y la totalidad de las almejas del océano Pacífico. Ricota había tratado de entablar comunicación con las almejas en más de una ocasión, siempre con poco éxito, dada su natural disposición a no ser una almeja. Como gacela que era, disfrutaba cada día el no ser comida por leones. Cada vez que Ricota notaba que no estaba siendo comida por un león, le daba un presentimiento de que iba a ser un buen día. Hasta que se acordaba de Enrique el Pescado. “Si quisiera no disfrutar mi día, preferiría ser comida por un león que pensar en Enrique el pescado” pensaba Ricota. Pero luego recordaba las hermosas palabras de Shakespeare y se arrepentía. “Como sol, oh, Gacela, que debes salvarte”. Como fundadora de los shake-fanáticos, Ricota no podía dejarse vencer por sus rencores.